Ave Verbo, morituri te salutant

Innovar en la enseñanza


La profesora, tiza en mano, se enfrenta al pizarrón. Detrás de ella, la clase bosteza. Dos horas de Lengua los esperan, y las tablas con las conjugaciones de los verbos empiezan a crecer y expandirse de manera incontenible. Y se quedan ahí, abstractas y repetitivas. Y la profesora, con la expectativa ingenua o la resignación de “que al menos aprendan dos o tres”, traga la materia inerte del pizarrón, aprieta “play” y dice: “Yo amo, tú amas, él ama, nosotros amamos, vosotros amáis, ellos aman”. A unos metros del aula, algunas escaleras arriba y más allá de la puerta académica, la profesora de Latín dice: “Amo, amas, amat, amamus, amatis, amant”, mientras sólo los estudiantes de la primera línea logran mantener la concentración porque en realidad ya son expertos, y van para autocomplacerse.

Ante este panorama desalentador, ¿hay alguna perspectiva de innovar en el campo del conocimiento sistemático? Sabemos que cualquier persona puede recurrir a google y obtener en un instante todas las conjugaciones. Eso no quiere decir que sea inútil memorizar tablas, pero sí quiere decir que eso pasó a ser un recurso accesorio y no prioritario. Si no, tiremos la calculadora a la basura. Por eso resulta más didáctico partir del error, de lo más pequeño, así no se sacrifican subjetividades. Si escribiendo se aprende a escribir, escribamos. Después repararemos los errores y enlazaremos conceptos.


El verbo


El verbo es el corazón de las construcciones que hacemos a diario para comunicarnos entre nosotros. Sin que nos demos cuenta, nos obliga a que usemos con maestría la morfología y la sintaxis. Si tomamos el verbo “bosteza”, que usamos al comienzo del artículo, podemos ver que tranquilamente podríamos cambiarlo por “bostezo”. Sólo hace falta reemplazar la última vocal. Ese simple cambio modifica la oración. “La clase bostezo” no tiene sentido. “Yo bostezo” tendría más sentido. O ya podríamos cambiar la clase de palabra y poner “Esta clase es un bostezo”. Estaríamos usando un sustantivo.

Es tan importante el verbo que muchas veces nos confundimos al usarlo. Por ejemplo, no es raro escuchar: “Hubieron dos terremotos en Centroamérica”. Lo auténticamente raro es que el diccionario del Firefox no detecte el error. Un aplazo para los muchachos. Es que la correcta pronunciación es: “Hubo dos terremotos en Centroamérica”. Este tipo de verbo no tiene rasgos flexivos. “Hay dos terremotos”. Imagínense si quisiera transformar ese verbo en plural en presente: “Haien dos terremotos”. Sí, suena ridículo. ¿Por qué de la otra forma no suena tan ridículo? Por las costumbres que tenemos y la historia de la lengua, que varía y adopta los usos de las comunidades de hablantes.

Algunos verbos necesitan estar acompañados sí o sí de una preposición. Por ejemplo el verbo “depender”. En estos casos es fácil darnos cuenta de si debemos poner “de” o no. “Todo depende de vos”. “Depende de que salga por ahí, y no por allá”. Y no: “Depende que salga por ahí, y no por allá”.

Otro problema con que solemos encontrarnos es el uso de los tiempos. En oraciones que semánticamente indican una potencialidad, solemos mezclar verbos alegremente. Presten atención a esta frase de una película: “Es posible que el jurado me encontrará culpable”. Estamos usando el tiempo futuro en una oración de posibilidad. El pobre tipo o mujer dice que podría ser, con seguridad, que lo encuentran culpable. Si bien el tiempo que espera que lo juzguen puede haber tocado un poco su cordura, lo más seguro es que el traductor le haya pifiado. La frase correcta es: “Es posible que el jurado me encuentre culpable”. En una conversación cotidiana también suele escucharse: “Quizás vendré mañana” cuando debería ser: “Quizás venga/vaya mañana”. Otro ejemplo es: “¿Crees en la probabilidad de que esta gente planea huir?” Cuando debería ser: “¿Crees en la probabilidad de que esta gente planee huir?” Si usamos una modalidad que refleje incertidumbre, debemos usar el modo subjuntivo. Para quienes lo hayan olvidado, el subjuntivo presente de “planear” es: planee, planees, planee, planeemos, planeéis, planeen. El verbo tiene mucho más jugo para exprimir (ya que estamos en invierno y el jugo de naranja hace furor). Nos dedicaremos a eso en próximas ediciones. ¡Hasta la próxima!

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