11 marzo 2009

Sófocles, Heráclito y el destino

Lucha de opuestos, fuego que transforma la materia, cambio constante, es el combustible que hace avanzar la historia. ¿Marx? No. ¿Hegel? Tampoco. Muchísimo antes existió un filósofo griego, llamado Heráclito, que sentó las bases del pensamiento dialéctico. La contradicción está en el origen de todas las cosas. Este pensamiento influyó en la tragedia griega y se puede ver en la obra de Sófocles, un tradicionalista. ¿Por qué tradicionalista? Porque en sus tragedias siempre hay una moraleja final acerca de lo pequeños que somos frente al destino, y la fatalidad a la que lleva enfrentar el designio divino. Así, Sófocles se planta frente al uso de la razón como política de Estado.

Edipo apoyado en un bastón.

Edipo Rey es la historia de un hombre que es coronado en Tebas por su ingenio para resolver el enigma de la esfinge, un ser mitológico que atacaba la ciudad, y que es llamado a salvarla nuevamente de la peste. El oráculo de Delfos dice que, para salvar la ciudad, es preciso que se expulse o mate al asesino del rey Layo*. Edipo se viste de héroe otra vez y promete llevar a cabo esa acción. No sabe que el asesino es él mismo, ni que es hijo de Layo. Peor todavía, también ignora que su esposa, Yocasta, es su madre. El pobre hombre busca testigos visuales que lo acerquen a la verdad. Utiliza la deducción. Es un policial formidable, porque al final el asesino es el mismísimo detective. El opuesto de Edipo es Tiresias, ciego y adivino, a quien Sófocles muestra como portador de la verdad y defensor de las tradiciones. Tiresias no necesita lo visual, porque la verdad le es revelada por otros medios. Cuando Tiresias revela a Edipo su condición de asesino y de padre/hermano de los hijos que tuvo con Yocasta, Edipo acusa al anciano de conspiración para derrocarlo. Sin embargo, el que cae en desgracia es Edipo, que se apuñala los ojos y se queda ciego cuando descubre la verdad. A partir de ese momento, alcanza el contacto con lo divino y pasa al bando de los buenos y al regazo del tío Sófocles. Como ven, el fuego de la lucha de opuestos transforma a Edipo. En Edipo en Colono (cronológicamente ubicado entre Edipo Rey y Antígona), Edipo demuestra sus cualidades de adivino cuando anticipa la muerte de sus hijos y le regala a Teseo el don de la invencibilidad del ejército ateniense. La historia de Teseo, a quien Sófocles muestra como justo y noble, merece un artículo aparte. Mucho después, la literatura francesa muestra en Fedra, de Racine, a un Teseo mujeriego y con el juicio nublado.

En Antígona, otra tragedia de Sófocles, vemos que los que se atreven a desafiar la tradición mueren. Creonte, soberano de Tebas, decreta que Polinices, uno de los hijos de Edipo, no sea enterrado, y que su cuerpo se pudra y sea devorado por las bestias salvajes. Es que Polinices muere cuando ataca Tebas, y Creonte quiere diferenciarlo del otro hijo de Edipo, Eteocles, quien muere mientras defiende la ciudad. Antígona, hermana de los difuntos, desobedece la orden del soberano e intenta enterrar a Polinices. Si bien su acción es en pos de respetar las tradiciones de entierro, las libaciones, y el ingreso al Hades, desafía la autoridad y, peor, desafía el rol reservado a la mujer. Una heroína es algo impensable en una tragedia. Lo muestra claramente Aristóteles en su Poética cuando dice que las mujeres están un escalón más abajo de los hombres en lo concerniente a la virtud. Entonces, como consecuencia de esas contradicciones, la historia avanza con la muerte de Antígona. También muere Hemón, hijo de Creonte y prometido de Antígona, que desafía la orden de su padre. Otra violación de las tradiciones de respeto a la figura paterna.

Les recomiendo que lean las tragedias griegas (y a quienes las leyeron, que las relean), que son realmente excelentes e influyeron en toda la literatura posterior. Además, cada historia deriva de un mito, y hay varias versiones de cada mito y varias versiones de los literatos.

*Layo estaba maldito. Cuando fue expulsado de su tierra, lo alojó el rey Pélope. Pero Layo se enamoró de Crisipo, el hijo de Pélope, y lo raptó. Por eso recibió el castigo de Apolo: de tener un hijo, ese hijo lo mataría y se acostaría con su madre.

4 comentarios:

  1. silvia20:47

    Realmente apasionantes las tragedias griegas. Son los culebrones de la antiguedad. ¡Ja! Me dieron ganas de leerlas. Gracias.

    ResponderEliminar
  2. Caro20:47

    Qué bueno! Me encantó.
    Conozco tan poco de mitología griega y me da tanto vértigo todo lo que esconde, que no sé por dónde empezar para interiorizarme en ella. Recomendás algún libro en especial, como lectura primaria, para entrar a este universo tan hermoso?

    ResponderEliminar
  3. Bruno20:48

    Las tragedias griegas dejan así de chiquitos a los culebrones baratos actuales. Otra obra que deja chiquitos a los culebrones, y siempre recomiendo, es Fortunata y Jacinta, de Benito Pérez Galdós. Un libraco gigantesco, especial para leer tranquilo en vacaciones.

    Respecto a la pregunta de Caro, con las tragedias de Sófocles podés empezar en orden cronológico, Edipo Rey, Edipo en Colono, Antígona. Y para introducirte en la tragedia griega buscá La tragedia griega, de Victoria Juliá, gran docente de la UBA.

    ResponderEliminar
  4. Caro20:48

    Muchas gracias!

    ResponderEliminar