Un problema mayúsculo

Los lectores de Argentina ya estarán completamente bombardeados por los medios respecto del conflicto de intereses entre el gobierno y los sectores del campo. Como pasa siempre con nuestra queridísima prensa, cantidad no es calidad. Podrán acumular línea tras línea en sus diarios, y organizar una cacofonía de voces en sus medios audiovisuales, pero no por eso la audiencia va a tener más claro el panorama. Como Yoescribo.com.ar no es un espacio de reflexión específicamente política, los invita a buscar otros medios no tradicionales para informarse y tomar una posición que tenga que ver con sus propios intereses, que no tienen que ser necesariamente los dos que venden desde la prensa.

Ya que está el tema en boca de todos desde hace meses, usémoslo para hablar un rato de nuestra lengua. En el cacerolazo del otro día se vieron muchas banderas argentinas. Se habla mucho de patria. De argentinos. La presidenta usa reiteradamente el “argentinas y argentinos”. ¿De qué clase de palabras hablamos? Argentina como país es un sustantivo propio. Tiene la misma función que el nombre de cualquier persona (forman sintagmas nominales, para relacionarlo con el artículo anterior), por lo tanto se escribe en mayúscula, sea cual sea el lugar donde se ubique en la oración. Argentina como pertenencia, como descripción del lugar donde una persona nació, es otra clase de palabra. Estamos ya en el terreno de los adjetivos. Dentro de la oración suelen complementar a los sustantivos, o formar ellos mismos, como elemento nuclear, sintagmas adjetivales. Por eso, por su función de complementar un sustantivo que puede o no estar presente, y no tener una entidad única e irrepetible, va en minúscula.

¿Por qué hago esta distinción? Porque no son pocos los casos en que aparece el adjetivo, sobre todo cuando tiene que ver con una nacionalidad, en mayúscula. Por más fervor que se tenga, escribir “Yo soy Argentino” no hace más que entrar en el terreno de la agramaticalidad, y no tanto en el del patriotismo. Lo que hay es una tendencia al uso de mayúsculas para resaltar una palabra, sin tener en cuenta la función que desempeña en la frase.

Ahora, para aprender no sólo con afirmaciones sino también con preguntas, veamos un caso que cuestiona el estudio sistemático de la lengua. Postulemos que “Le dije a mi Abuela” está mal. Estamos describiendo un rol social de nuestra comunidad. No es un nombre propio, por lo tanto no va en mayúscula. Describe la función social de una persona. En el diccionario aparece como sustantivo femenino. ¿Qué lo diferencia del adjetivo? En ambos los sufijos flexivos pueden producir un cambio de género y de número. Lo que teóricamente los diferenciaría es que los adjetivos señalan propiedades o particularidades transitorias del sustantivo. Pero en “La abuela Ernestina”, ¿abuela no está modificando al sustantivo? Su función es la de aposición, pero eso no nos sirve para sacar conclusiones definitivas. Si cambiamos “abuela” por “bonita”, también podríamos decir “Ernestina, la bonita”. Entonces, ¿se puede ver con claridad por qué abuela no es un adjetivo? Creemos que no. Lo único que podría salvar las papas es la siguiente diferenciación, que se puede ver en el material teórico de las profesoras Giammatteo y Albano: el adjetivo puede contribuir a descubrir el género o el número del sustantivo cuando éste no lo manifiesta morfológicamente. Y dan como ejemplo “salón luminoso”. Con abuela no podríamos lograr tal clarificación. Pero lo mismo pasaría con el adjetivo hábil. “Señor hábil”, “señora hábil”. Sólo en el terreno de la sintaxis se marca la diferencia, como decíamos, al poner “aposición” en vez de “complemento“, o marcar complemento objeto directo en vez de predicativo en otros casos. Pero eso a nosotros, que somos un poco fanáticos, no nos conforma.

Seguramente nos estamos equivocando u olvidando algo. Como en todas las cuestiones de la vida, se aprende también a partir de errores, y siempre hay gente que sabe más que nosotros. Ojalá sea el caso de los lectores, y que aporten su punto de vista a la discusión. Conversemos, entonces. Para eso existen los benditos comentarios del blog. Hasta la próxima, y que la fuerza los acompañe (en estos momentos de crisis hay que apelar hasta a la mitología jedi).

Comentarios

  1. El tema de la abuela es complicadito, ¿eh? ¿No nos daremos mejor cuenta de cuando es un adjetivo si decimos: “Ernestina es bonita” o “Ernestina es abuela”?

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  2. En ambos casos se pronominaliza con: “Ernestina lo es”.

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  3. Cada vez se me hace más complicado. Lo que yo quería decir es que una mejor forma de darnos cuenta de que quizá “abuela” sea en algunos casos un adjetivo es que en lugar de decir “la abuela Ernestina” o “Ernestina, la bonita”, digamos: “Ernestina es bonita” o “Ernestina es abuela” así como decimos: “la mesa es cuadrada”. Entonces si preguntamos: ¿cómo es la mesa?, diremos: “es cuadrada”, y si preguntamos: ¿cómo es Ernestina?, diremos “bonita”. ¿Y con respecto a “abuela” cómo preguntamos? ¿”Cómo es Ernestina” o “Qué es Ernestina”? Y ahora pregunto: para los adjetivos siempre se usa el “Cómo” , ¿no?
    ¡Uf, qué lío!

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  4. Sí, es una cuestión escabrosa. Me parece un buen aporte el de la pregunta “qué” para sustantivos y “cómo” para adjetivos. Dentro de la gramática se usa mucho la pregunta como herramienta clarificadora. ¡Gracias!

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  5. Por favor. Gracias por el sitio y por hacernos pensar.

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