31 marzo 2008

Errores cotidianos en la escritura II

Una pareja mira la pantalla de un celular.
Una segunda parte de los errores más comunes que cometemos no está de más… ¿O demás? Esto de juntar o no palabras puede realmente desquiciarnos. No siempre la solución está en separar. Podemos encontrarnos con una frase que nominalice este inicio típico de modalidad interrogativa que es el “por qué”. Por ejemplo: “Los sabios buscaron por siglos el porqué de todos los fenómenos materiales”. El “porqué” se convierte en un sustantivo. Con “de más” y “demás” no tenemos exactamente el mismo problema, pero por ahí anda. Cuando lo ponemos junto, lo estamos usando como adjetivo. “La puso en la bolsita con las demás monedas”. Ese “demás” le da a las monedas una categoría de similitud con el objeto que el sujeto tácito pone en la bolsita. “Me puse en la fila con las demás personas”. Es exactamente lo mismo. Las personas que hacen la fila y yo somos similares. El otro uso es una construcción adverbial. “En la fila había personas de más”. Quiero decir que había personas que sobraban.

Concordancia, especificadores y sustantivos femeninos


Es común ver en los medios gráficos titulares como: “Frichivnina Poporovna es la primer bailarina que danza en el agua congelada debajo del hielo, lo que inaugura un nuevo y suicida estilo en el deporte”. Si en vez de una mujer fuera un hombre, el titular estaría perfecto. ¿Que somos machistas? De ninguna manera. Es que el adjetivo tiene que concordar con el sustantivo que modifica en género y número. “Primer bailarín” y “Primera bailarina”. En el primer caso hay concordancia en género masculino y número singular, y en el segundo en género femenino y número singular.

Otro ejemplo del poder del acento


La comodidad de escribir sin acentos, que se vuelve hegemónica en el mundo de la comunicación instantánea, suele llevar a la comunidad de hablantes a homologar preposiciones y pronombres con verbos. Y no exagero. Si no acentuamos el “se” tenemos un pronombre que suele aparecer en construcciones pronominales junto a un verbo. “Se peina”. En cambio cuando lo acentuamos se convierte en un verbo. “Sé que, a pesar de este artículo, la abrumadora mayoría de la comunidad de hablantes de mensajería instantánea no van a acentuar el ’se’”. Lo mismo pasa con el “de”. Sin acento es una preposición. “La pelota es de Juan”. Con acento es un verbo. “Ponerme la remera verde es posible que me dé suerte”.

Por supuesto, siempre queda más y más para desarrollar. Ya saben que cualquier duda o sugerencia para un próximo artículo, escriban sin vergüenza, que por lo general las dudas consideradas más tontas abarcan los errores que más comúnmente se cometen. ¡Hasta la próxima!

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