Yo te digo de que, ejemplos sencillos para evitar el dequeísmo y su gemelo malvado

En el corazón de las conversaciones diarias subyace un terrible temor. De las profundidades emerge el monstruo del dequeísmo, que obliga a los incautos a correr para dos posibles direcciones. El problema es que una dirección es la correcta en determinado caso y la incorrecta en otro.


El dequeísmo


Niña saca la lengua.
Imaginemos que se nos ocurrió una tremenda idea y se la contamos a nuestro compañero de charla. Pero claro, nuestro escéptico compañero se empeña en arruinar la idea. Supone miles de obstáculos y succiona golosamente todo el entusiasmo hacia su depósito de frustraciones. Llenos de ira, y rememorando qué cosas lo entusiasman para arruinarlas, le decimos: “¡Yo te digo de que sí se puede!”. Si nuestro compañero de charla, además de aguafiestas, se las da de sabelotodo, nos dirá enseguida: “Ah, no, no, así no se dice. Se dice: ‘Yo te digo que sí’, sin el ‘de’”. Reprimamos los instintos asesinos y por una vez reconozcamos que el tipo tiene razón. Ese “de” está de más. Es que nosotros le íbamos a decir “esto” a esa persona. No le íbamos a decir “de esto”. En todo caso deberíamos reformular a: “Te hablo de que sí se puede”, aunque quedaría un poco raro. Para no confundirse podemos usar una regla sencilla.

Una técnica sencilla para evitarlo


En una oración como la que vimos, reemplazamos el “de que sí se puede” por el “esto”. “Yo te digo esto”. No necesita el “de”. Entonces escribimos: “Yo te digo que sí se puede”. Es cuestión de reemplazar la frase que sigue al verbo con “esto” y ver si va o no el “de”. Por supuesto, la técnica también sirve para lo contrario, para utilizar el "de" cuando corresponde.

“Te cuento que el lugar estaba buenísimo”. “Te cuento esto”.
“Le hablé de que necesitaba una dentadura nueva”. “Le hablé de esto”.
“Se dio cuenta de que este artículo se estaba alargando mucho y saludó hasta la semana que viene”. “Se dio cuenta de esto”.

Comentarios

  1. Me alegra mucho encontrar un espacio como este. Entre muchas otras faltas gramaticales, comenzó a preocuparme mucho el “dequeismo”, modismo que he escuchado incluso en boca de profesores universitarios

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