Jacques el fatalista
Denis Diderot
Un gran ejemplo de filósofo talentoso y literato popular fue Denis Diderot. Su vida recorrió prácticamente todo el siglo XVIII. Diderot se embarcó en el más fabuloso proyecto, una enciclopedia universal y científica que diera por tierra con todas las especulaciones iluministas acerca de los fenómenos materiales. Por supuesto, no fue un buen amigo de la Iglesia, lo que le valió sucesivas censuras a su enciclopedia. Fue un precursor del materialismo histórico y filosofó sobre el peso de las determinaciones sociales en la actitud de los sujetos. En 1796 escribió una obra maestra, moderna, inédita para la época, llamada Jacques el fatalista.Jacques el fatalista - Primera entrega
La historia de los amores de Jacques es el punto de partida de una novela delirante donde se cruzan todo tipo de relatos, conversaciones e intervenciones del narrador, que dialoga con un lector imaginario que se aburre, es ansioso y desespera ante las constantes interrupciones que sufren Jacques y su amo en un viaje sin aparente destino que emprenden. Para Jacques lo que pasa “está escrito ahí arriba”, de ahí su fatalismo. Pero es un fatalismo irónico, puesto en cuestión. El amo a veces parece ser el criado, y el criado muestra más determinación y liderazgo que el amo. Esto se inserta en una novela con todos los ingredientes de la literatura popular, picaresca, carnavalesca. Enredos amorosos, intercambios de jerarquía y la ceremonia del vino que facilita ese proceso. ¿Qué grado de libertad le queda al hombre, inserto en un mundo donde se enfrenta a toda clase de determinaciones? Para saberlo, Diderot invita a deleitarse con esta pieza literaria imperdible.
El habría y el hubiera
Empezamos la serie de recursos semanales con este caso típico. Vale aclarar que hasta la primera semana de enero no va a haber nuevas entradas en esta sección, y a partir de ese momento sí se comenzará con las actualizaciones periódicas. La razón es simple. Queremos que los recursos lleguen a la mayor cantidad de lectores, y por eso dejamos unas semanas para promocionar el sitio.
Uno
Diciembre es una época no muy grata para los estudiantes. Llegan los exámenes, las mesas examinadoras y el material interminable que se acumula para ser leído a una velocidad meteórica. Si paseamos por un aula donde se esté tomando un final seguro podremos escuchar la siguiente frase de boca de algún joven con expresión fastidiosa:
“Si habría leído ese texto no me hubieran bochado”.
Error. ¿Por qué? Porque el “hubiera” indica causa y el “habría” consecuencia. Si el pobre joven universitario leía ese texto, no le habrían puesto ese para nada estético 2 en su libreta. Como ven, la causa también se puede expresar con sustitutos. En vez de “hubiera leído” se puede decir tranquilamente “leía”. En vez de “habría bochado” se puede decir “bochaba”.
Claro que ese orden se puede también invertir. Veamos.
“No me habría dormido si no me hubieran dado esa novela de Proust”.
¿En qué lugar de este razonamiento se ubica el “hubiese”? No deberíamos prestarle demasiada atención. Sirve como alternativa del “hubiera” para que su utilización en oraciones consecutivas no se vuelva repetitiva. Ejemplo:
Cuando las nubes hubieran dejado el cielo limpio. Cuando el sol hubiese brillado con toda su intensidad. Cuando tuviera el completo control del lente de mi subjetividad, habría podido atreverme a ser feliz.
No dejen de usar los comentarios y la página de contacto para enviar dudas y críticas. Hasta la próxima entrega.
