¿Queda alguna duda de que las palabras adquieren vida propia apenas el autor las suelta en la hoja? Tan independientes son que nos abandonan y se van con otro autor. Lo peor es que, en algunos casos, el autor con el que se van ya pasó a mejor vida hace mucho tiempo. Pero, claro, las siguientes generaciones, poco propensas al desenterramiento de tumbas, se comen el sapo y reproducen esta especie de traición. Arturo Ortega Morán, en el blog Cápsulas de lengua, hace un rastreo en busca del origen de la famosa frase: "Ladran, Sancho, señal de que cabalgamos". Desde el italiano Andrea Alciato (1492-1550) hasta el mismísimo Goethe e incluso por un proverbio turco. Les recomiendo que lean el artículo porque no tiene desperdicio.
¡Hasta pronto!
