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  • Apología de Yoescribo.com.ar

    Apología de Yoescribo.com.ar

    ¿Por qué hacemos lo que hacemos?


    Ya pasaron casi tres meses desde el primer artículo sobre el “habría” y el “hubiera”. Los casos que se evaluaron planteaban que había un modo correcto de decir las cosas y otro incorrecto. ¿Bajo qué argumentos nos arrogamos de autoridad para juzgar a la gente que escribe? Hay autores que se plantan firme (Angel Rosenblat, por ejemplo) y rechazan ese desprecio con el que algunos observan los dialectos locales. Si en alguna parte se dice: “Ojalá que no haiga frío”, “Cómo está la calor”, “Riquísimas las faturas”, el lingüista debe observarlo con objetividad, ya que se trata de un fenómeno con particularidades y reglas internas propias. Nosotros lo aceptamos. En muchos casos son muestras de talentosa originalidad o legado de antiguos usos. ¿Y por qué entonces esto de estar corrigiendo a la pobre gente? ¿Lo hacemos de resentidos? Me gustaría pensar que no.

    La lengua varía con el paso del tiempo. Si bien hay un sistema que rige la formación de palabras, con elementos que se definen por oposición (negro - blanco, dulce - salado, lindo - feo, agarrar - soltar, palabra variable - palabra invariable), también hay normas que actúan sobre ese sistema y lo acotan (en vez de decir “Qué rico té me tragué” decimos “Qué rico té me tomé”, verbo que a la vez puede ser sinónimo de “agarrar” en algunos contextos).

    Las normas se pueden reponer a partir de un recorte sincrónico (que quiere decir en un eje temporal determinado) de una población. ¿Qué tiene que ver la tijera y eso de andar recortando? En todo caso la tijera virtual de todo trabajo de investigación. Cuando queremos ver, por ejemplo, quién es la loca que mancha con aceite la ropa que dejamos colgada en la terraza, hacemos un recorte sobre nuestro edificio, es decir, nos atenemos a las personas que viven ahí, porque es raro que alguien de afuera entre con el único motivo de aceitar nuestras queridas prendas. Lo mismo cuando queremos investigar cómo habla determinada comunidad. Entonces, una vez que hacemos el recorte sincrónico, tenemos que tener también en cuenta lo diacrónico, es decir, la variación del dialecto en el tiempo. El tiempo y los usos definen el modo correcto de formular una frase en determinado momento y determinado lugar. Y ahí entramos nosotros machacando y machacando en cada artículo. Claro que la norma no es un monstruo impermeable. A pesar de que en el habla de los individuos podemos reponer las normas sociales, algo que no estaba desarrollado del todo en Saussure pero sí lo está en Coseriu (tarea para la casa, buscar a estos dos grandes lingüistas en wikipedia), los individuos siguen teniendo un papel activo en la normativización del sistema. La originalidad, la genialidad de una persona puede sumar invenciones que después de un tiempo pasan a formar parte de la norma de esa comunidad. Es que los individuos somos relaciones sociales, es inevitable y maravilloso.

    Hasta la semana que viene y no se asusten, que van a volver las correcciones y muchos más casos.
  • Errores cotidianos en la escritura, ¿cómo escribir sin producirlos?

    Errores cotidianos en la escritura, ¿cómo escribir sin producirlos?

    Esta semana vamos a tratar los errores que con más frecuencia se cometen. Amalgama de palabras, formación incorrecta de palabras, mala interpretación del inglés en las traducciones y pequeños detalles que, juntos, hacen que todos formemos parte de esta ensalada lingüística llamada español.

    Error N°1: Amalgamar


    Un hombre se agarra la cabeza.
    “Talvez llueva”. Modo correcto: “Tal vez llueva”. Son dos palabras diferentes.
    “Sobretodo”. A menos que nos estemos refiriendo a la prenda de vestir, el modo correcto es: “Sobre todo”. Un ejemplo de oración que incluya ese conjunto de palabras puede ser: “Nadie podría hacer esto bien, sobre todo yo”.
    “Comprame este alfajor, sino le cuento a mamá que siempre me servís gaseosa a escondidas antes de comer”. Estamos ante el famoso caso del “sino” o “si no”. En este caso debería ir separado, ya que lo estamos utilizando en una oración con causa/consecuencia. El agente de la oración, un sujeto tácito que debemos suponer (seguro un niño malcriado y encima delator), advierte a su interlocutor sobre determinada consecuencia que se manifestará si no se la evita de alguna manera. En cambio, cuando se trata de oponer dos partes de la oración, debe usarse el “sino”. Ejemplo: “Por chantajearme no te vas a ligar un chirlo sino dos”.

    Error N° 2: Formación incorrecta de palabras


    “Me estoy llendo al laburo, no puedo”. Mal, muy mal. Debería ser: “Me estoy yendo al laburo, no puedo”.
    “Ayer a la noche me la pasé gritándole al parlante en el boliche y tengo la vos hecha pelota”. Clásico error con la Z. “Vos” es un pronombre personal de segunda persona singular. Se usa para decir, por ejemplo: “Vos sos un animal”. En cambio, “voz” alude a esa maravillosa o lamentable -depende del caso- función fisiológica que tenemos, con la que podemos manifestar nuestra lengua o lenguas. Otras confusiones con la Z se dan al armar palabras con prefijo: dezhaste, dezhacer, etc. Ese prefijo siempre se construye con S.

    Error N° 3: Interpretación errónea del inglés en las traducciones


    Todavía se pueden apreciar oraciones donde el “punk” es interpretado de acuerdo a la vieja tribu urbana de la que deriva el género musical. Dejan la palabra tal cual. “Tu amigo es un punk”. Es hora de sacarnos la cresta y buscar la otra acepción que también deriva del mismo lugar, pero que siguió la senda reaccionaria y desembocó en un más genérico “vago, maleante, crápula”.
    Más normal todavía es encontrar el “but” mal traducido. Nos encontramos con frases como: “No te digo que el hombre era calvo, pero te digo que tenía abundante cabellera”. Evidentemente se confunde el “pero” con el “sino”. Son dos interpretaciones que se deben utilizar en diferentes contextos.

    Error N° 4: Más y mas


    No siempre el “más” se acentúa. Hay un uso, más que nada ligado al español antiguo pero que todavía se puede ver con frecuencia, que tiene la función de aclarar. Pueden verlo en frases como: “Él me atacaba con injuriosa labia, mas yo no atiné a moverme”. Se lo podría parafrasear de la siguiente manera: “Él me atacaba con injuriosa labia, pero yo no atiné a moverme”. O: “A pesar de eso, no me moví”.

    Es todo por hoy, nos vemos en unos días. No dejen de suscribirse al boletín de noticias que figura en la página de inicio de Yoescribo.com.ar, con el que van a recibir las novedades recién salidas del horno. Tampoco se priven del simpático y sorprendentemente infalible boca a boca (sorprendente cuando los medios masivos de comunicación están tan desarrollados) para que nuestra comunidad siga creciendo.
  • No te comas la coma ni la uses en cada comida… digo, oración

    No te comas la coma ni la uses en cada comida… digo, oración

    El reino de las comas


    Quienes le escribimos algo a alguien con la intención de que responda de la manera en que queremos que responda, deseamos que nuestro texto sea claro, límpido, persuasivo o disuasivo, depende de la intención. Si necesitamos enviar nuestro currículum a ese trabajo que tanto esperamos, seguro revisaremos la carta de presentación de pies a cabeza. Le pasaremos el corrector del word hasta que no quede el más mínimo acento sin poner e ignoraremos las inoportunas sugerencias del programa acerca de las concordancias. El problema con esta técnica es que para que nos lean con fluidez, y se impresionen con lo que tenemos para decirles, hay algo más que esas lindas marcas tónicas que son los acentos. Entramos en el reino de las comas, un reino salvaje, no suficientemente tratado, ignorado por muchos por considerarlo accesorio y subestimado por otros por creerlo un mero indicador de pausas, es decir, un elemento al servicio de la fonética. No, señores, rotundo error. Error que, como siempre, desentrañaremos con paciencia.

    La coma da sentido


    Pequeñas, ocultas entre el inmenso universo de palabras que se deslizan de izquierda a derecha en nuestro procesador de texto. Quién diría que jugarían un papel tan importante. Las comas, mal que nos pese -porque nos obliga a pensar más-, marcan significado. Si estoy leyendo lo que escribí y empecé a toser, no, no se pone una coma. Si iba por el medio de la oración y empezó a hervir la pava, no, no va una coma. Me traigo el té o el mate al escritorio y pongo atención a esto. La coma es tan pero tan importante que puede cambiar el sentido de una oración. Presten atención a lo siguiente:
    “Los trabajadores del casino que bloquearon la avenida fueron torturados por la Policía”.
    “Los trabajadores del casino, que bloquearon la avenida, fueron torturados por la Policía”.

    Arte de magia. En la primera oración se hace referencia a una parte de los trabajadores del casino, que son los que bloquearon la avenida. Se supone que hubo otros que no lo hicieron, que en ese momento estarían siendo apaleados en otra parte o algo por el estilo. En la segunda oración el sentido es diferente, se abarca a la totalidad de los trabajadores. Son los trabajadores del casino los que fueron torturados, no se salvó ni uno. Si quisiéramos usar términos gramaticales -están perdonados si no lo hacen-, diríamos que la primera es una proposición especificativa. Proposición porque es una especie de fragmento oracional dentro de la oración vinculado por el “que”, y especificativa porque especifica, selecciona (en este caso la proposición sería: “que bloquearon la avenida”). La segunda es una proposición explicativa, que vendría a ser una especie de aposición. Podemos sacar lo que está entre comas sin que la oración pierda el sentido, solamente explica algo.
    Respecto a la tentación de poner comas cuando parece que la oración se hace muy larga, es perfectamente posible escribir un bodoque infinito sin necesidad de comas:

    “Verde fue el color que elegí para el mueble de la cocina del departamento inmenso que alguna vez tuve para refugiarme en los momentos en que mi espíritu flaqueaba por la inmensidad del tormento gris que no dejaba de visitarme cada fin de año”.

    Y es un ejemplo bastante corto. Se pueden, o se deberían encontrar, oraciones mucho más largas. Como dijimos al comienzo, las comas otorgan significado. Sin ellas no podríamos explicar o enumerar. No podríamos crear la siguiente oración sin que cambiara totalmente de sentido:

    “Le decía que comiera, lo que me produjo mucho trabajo”.
    “Le decía que comiera lo que me produjo mucho trabajo”.

    ¿Qué se interpreta en la segunda oración? Un mamarracho. Obviando la tentadora interpretación escatológica, el enunciador podría estar diciéndole a su interlocutor que comiera, porque le costó mucho ganar el sueldo con que compró esa comida.

    Como ven, el tema de la coma es un tema serio, que también sirve para separar la introducción de la frase del resto de la misma, como vemos en esta misma oración llena de explicaciones que explican otras explicaciones (tampoco abusemos tanto al punto de querer explicar entre comas todo lo que ponemos, porque a la larga terminamos hartando, que es un sentimiento que probablemente tengan los que llegaron hasta este punto).
  • A lo que me refiero es a eso, la función de los referentes y referidos en una oración

    A lo que me refiero es a eso, la función de los referentes y referidos en una oración

    Supongan que yo dijera: “Eso es lo que ella le dio a él, y después volvió a su casa, que también era mía, e hizo temblar la puerta, cuya bisagra estuvo a punto de salirse. Qué terrible esa muchacha”. Sin duda es una manera efectiva para escribir mucho sin decir nada. Hay montones de referencias a sujetos de los que no sabemos nada. ¿Quién es ella? ¿Quién es él? ¿Quién está narrando? Al mismo tiempo, hay referencias a esas mismas referencias indeterminadas. Cuando decimos: “Qué terrible esa muchacha” estamos haciendo referencia a “ella”.

    Los referentes y los referidos


    ¿Qué vendrían a ser esas palabras rodeadas de un halo de misterio, que nos dicen tan poco y nos envían a otro momento donde, se supone, vamos a obtener la información que necesitamos? Son los referentes. Si ese par de oraciones que tenemos como ejemplo fueran parte de un cuento o una novela, seguramente antes de leer eso nos encontraríamos con algo como: “-No te quiero ver nunca más -le dijo Laura a Nicolás”. Este dramón nos daría un poco más de información. Ella es Laura. Él es Nicolás.

    Entonces, ¿qué hay de particular en la relación entre los referentes y los referidos? A simple vista podemos ver una concordancia. Laura es una mujer, por lo tanto la referencia a ella tiene que estar en femenino. Lo mismo en el caso de Nicolás. En este punto seguramente estarán pensando: “Pero si esto lo sabe cualquiera”. Sí, sí, pero esperen que ahora vienen cuestiones más complicadas y con las que muchas personas se confunden.
    Si analizamos otra parte de la frase, vamos a encontrarnos con “cuya”, que hace referencia a la bisagra. En este caso se da la concordancia en género femenino pero también en número. Si fueran varias bisagras, el referente tendría que ser “cuyas”. “Cuyas bisagras estuvieron a punto de salirse”. Hay que tener eso muy en cuenta, porque se suelen escribir párrafos y párrafos con referentes que no respetan esa regla elemental de concordancia.

    Técnicas para no confundirse


    Por otro lado, también nos podemos encontrar con frases así: “Los dos hombres esperaron horas y horas, lo cual terminaron cambiando de banco”. ¿Por qué ese “lo cual”? El “lo cual” se puede usar en casos como: “El médico me dijo que no chupara la grasa del asado de tira, lo cual me parece muy injusto”. Ese “lo cual” hace referencia a lo que el médico le dijo. El médico le dijo eso. Eso le parece muy injusto. Si en cambio el médico le dijera “muchas cosas”, “esas cosas le parecerían injustas”. Quedaría: “El médico me llenó la cabeza de indicaciones, las cuales me parecen injustas”. Si queremos decir bien la oración de los dos hombres, tendríamos que reformularla: “Los dos hombres esperaron horas y horas, y como consecuencia de eso terminaron cambiando de banco”. Ahí aparece una referencia clara a la larga espera. En cambio ese “lo cual” de la oración agramatical no puede estar sin un acompañante que lo dote de referencialidad. Sí sería gramatical una oración como: “Los dos hombres esperaron horas y horas, después de lo cual terminaron cambiando de banco”. Si cambiamos el “lo cual” por un “eso” nos vamos a dar cuenta fácilmente. “Los dos hombres esperaron horas y horas, eso terminaron cambiando de banco”. No queda nada bien. En cambio: “Los dos hombres esperaron horas y horas, después de eso terminaron cambiando de banco”. Ahora sí.

    Cómo juega el número en las referencias


    También se suelen leer oraciones donde se pierde la referencia porque no se respeta el número (tengamos en cuenta que se pueden hacer referencias hacia atrás o hacia adelante. En el ejemplo que poníamos con “cuyas” la referencia recoge el significado de una parte posterior del discurso: “Cuyas bisagras”. En cambio, en los demás ejemplos la referencia apunta a algo dicho con anterioridad). Ejemplo: “Los casos de desnutrición infantil fuerzan a la ONU a emitir las más enérgicas resoluciones, pero a ninguna nación le interesa cumplirla”. Es un caso clásico de confusión con el referente. Al ser la desnutrición infantil un tema fuerte, queda en el inconsciente del que escribe como punto de referencia de todos los referentes, pero no tiene que ser así. “A ninguna nación le interesa cumplirla”. ¿Le interesa cumplir qué? Las enérgicas resoluciones. ¿Entonces? Deberíamos decir “cumplirlas” porque nos estamos refiriendo a las resoluciones.

    Hasta acá podemos llegar sin meternos en el inmenso y agobiante mundo de los pronombres, caso que genera polémica entre los gramáticos. Que les pase rápido la semana, hasta el próximo descansito.
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    Desde el año 2007 publico cuentos y novelas de literatura infantil y juvenil en editoriales como Edelvives, Macmillan o Urano, y revistas como Billiken.